El Sueño de Otro

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Esta situación que les voy a contar les parecerá una historia familiar y cercana; pero, real al fin y al cabo. Creo que a mucha gente le ha pasado o le pasa ahora mismo y la cuestión es: ¿Por qué seguir viviendo el “sueño de otro”?

Hace un tiempo, yo como muchos, buscaba la manera de salir adelante; y ahora de egresado de mi querida universidad, buscaba mejores ofertas laborales, y así que como muchos elegí empezar mi sueño de trabajar en lo que me gusta y tener una vida holgada, trabajando para otras personas.

Y es así como ya me encontraba trabajando para una empresa de importación de bienes tecnológicos. Yo era el administrador de la empresa. Como profesional joven, me esforzaba bastante en mis labores, creo no existió el día en que entregara siempre un poco más de mí, para las funciones que me asignaban. Siempre iba más allá, siempre buscando mejorar, no tenía ni un minuto de ocio, lo cierto que el premio del gerente por hacer eso, era darme más trabajo, incluido el de otros empleados que no lo hacían bien; mi premio al principio me agradó, pero cuando fue excesivo el asunto decidí pedir ayuda, la repuesta a eso fue: “!¿Qué?! ¡Para eso estas tú!, si quieres contratamos a alguien, pero tendremos que bajarte el sueldo (…) además apúrate con el informe que me voy de viaje al Cuzco (…)”. Nunca me dieron un ni un estímulo, ni económico, ni siquiera moral, ni tampoco las gracias; ¡claro!, que uno no buscaba necesariamente las gracias, pero el gesto de parte de otra persona dice mucho ¿no creen?.

Lo que siempre obtuve por hacer bien las cosas fue: más trabajo, menos ayuda, más horas laborables (no sabía lo que era un feriado o un domingo), más presión, la dependencia de mi jefe, un trato menos amable, y ¡todo por el mismo precio!; que a decir verdad, estaba muy por debajo de lo que ofrece el mercado para un administrador con las funciones que me tocaba asumir. Se preguntarán ¿por qué acepte el trabajo?, al principio no fue así, todo fue cambiando con el correr de los días; y además, también he sido joven e iluso.

Un buen día, me aturdí del asunto y del abrumante jefe explotador que me tocó; hubo muchas otras cosas más al punto que si me extiendo este espacio se convertiría en el blog de quejas y reclamos del MINTRA, SUNAFIL, y SUNAT, todos juntos y revueltos; y no es la intensión. Decidí renunciar.

Entonces, me pregunté a mi mismo: ¿esto es lo que quiero realmente para mí?, ¿esto es parte de mi sueño?, ¿estudié mi carrera con tanto esmero, para esto?. Recordé una frase que me mencionó un amigo de la universidad: “ya llega el momento en donde te aburres viviendo el sueño de otro” (…) “¿por qué tenemos que vivir el sueño de otra persona? (…) ¡es hora de vivir nuestros propios sueños!”, seguramente parafraseando a Jobs.

Llega el punto en donde te sobresaturas de todas las cosas negativas que conllevan “vivir el sueño de otro”, y creo que en mi caso fue el principal estímulo para pasar a una nueva etapa en mi vida: “Me toca vivir mi propio sueño”.

Creo que todas las personas tenemos un emprendedor dentro. Todo tenemos sueños, aspiraciones, deseos de cambiar las cosas, de mejorar por nosotros y para los nuestros; pero lo que diferencia unos de otros son 4 cosas, en mi opinión: liderazgo, perseverancia, conocimiento y paciencia.

1. LIDERAZGO. No existe emprendedor que no haya desarrollado su propio estilo de liderazgo, es necesario, casi un requisito indispensable, todos los emprendedores tienen esa tarjeta de presentación, ¡claro!, cada uno a su modo, pero de hecho un liderazgo adecuado y justo, hará sumar a otras personas. ¡Véndeles tu idea!, ¡involúcralos en tu idea!, esa es la forma en que vas a poder dar tus primeros pasos; pero no te olvides que asumir la posición de líder, implica responsabilidad, ya que orientarás las acciones de un grupo de personas que creen en ti y en tu idea, no puedes fallarles, ni fallarte a ti mismo. Es importante además, que este liderazgo sea predicado con el ejemplo, no te olvides de eso; tienes que entregarte a tu propia idea, y no borres con la mano izquierda, lo que has escrito con la derecha.

2. PERSEVERANCIA. Para no ceder en los malos ratos,  tienes que mantener una actitud de firmeza para buscar tus metas y tus objetivos. Créeme que cuando emprendas algo todo el mundo se volverá un experto en la materia, sea cual sea el tema en la que manejes tu emprendimiento, y te dará consejos, e inclusive se atreverá a criticar lo poco que has podido lograr al darte cuenta que ya no te toca “vivir el sueño de otros”. Que no te desanimen comentarios como: “y tú, ¿qué puedes hacer sólo?”, “era más seguro trabajar para tu jefe, por lo menos tenías algo fijo”, “te falta experiencia”, “tu negocio es muy chiquito”, “¡no venderás lo suficiente!”, “formar una empresa es caro”, “¡los impuestos son caros!”. A ese tipo de “expertos” hazles oídos sordos. Tampoco confundas la perseverancia con la “terquedad”, ¿la diferencia?, simple, la perseverancia implica flexibilidad en el camino mirando un logro final; la terquedad implica encerrarte en pensar que sólo tú tienes la única verdad.

3. CONOCIMIENTO. Cuando menciono al conocimiento, no me refiero a lo que tú sepas de tu empresa, sino a lo que no sabes de ella. No olvides de tener la humildad de buscar ayuda en otras personas en aquello para lo cual no estas capacitado, o simplemente ignoras. Esto es un factor importante para el crecimiento de las personas y sus ideas que han emprendido. Tu podrías ser un ingeniero químico, que ha inventado una bebida gaseosa del sabor más maravilloso del mundo, y te sabes muy bien la fórmula, los métodos y procesos para fabricarla; pero, no tienes ni la más remota idea de por ejemplo cómo pagar tributos, o cómo manejar el tema de marketing, o del tema logístico de distribución. Es necesario apoyarse en gente que cuente con estas habilidades. No pretendas ser un “todista”, que lo quiere hacer y acaparar todo por sí sólo, porque si haces eso, al final harás: ¡nada!.

4. PACIENCIA. Los resultados de “vivir tu propio sueño”, salvo excepciones, nunca podrán ser vistos al corto o mediano plazo, casi siempre es a largo plazo, por ello es bueno detenerse a pensar, a planificar bien tus metas y tus objetivos, y darles un tiempo mesurado, y por sobre todo realista. Recuerda esto: las empresas que hoy son grandes, en muchos casos empezaron en el garaje de la casa, o sin tener dinero, o con una idea tan evidente ahora, pero que nadie daba un centavo por ella en aquel entonces. Nadie nace adulto, y eso se aplica también a las empresas. Todo tiene un proceso de cambio a ritmos muy particulares en cada caso; se debe tener la paciencia de afrontarlos

Finalmente, es probable que tu emprendimiento atraiga a otros emprendedores como tú; así que recuerda valorar su esfuerzo y darle las oportunidades que no tuviste o que no te quisieron brindar antes de que dejaras de vivir “el sueño de otro”.

Nota al pie: Este artículo lo escribí hace ya muchos años, pero por varios motivos ha sido un gusto reeditarlo para el blog de Sinergia.

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